La danza de la tarantela, era un baile medicinal. Hasta muy entrado el siglo XX, en Sicilia y en Aragón, persistía la costumbre de danzar la tarantela con el fin de curar los efectos producidos por la mordedura de la araña. Dice Covarrubias, en el Tesoro de la Lengua Castellana (1611), que la mordedura de la tarántula "se cura al son de instrumentos, porque el paciente, moviéndose al compás del son, disimula su mal". La tarantela ritual y simbólica, iba acompañada de músicos terapeutas que realizaban un "rôle" muy importante durante el curso de esta ceremonia; eran estos mismos terapeutas los que se encargaban de hacer bailar al "tarantulado" por los siguientes tonos: LA mayor, RE mayor, Re menor y La menor. El grupo de músicos estaba integrado por un guitarrista, un tocador de bandurria, un violinista y un acordeonista.
El origen de la tarantela es muy antiguo, y a la vez litúrgico, ritual y terapéutico. Esta danza tomó su origen en las procesiones paganas del siglo XV; las personas víctimas de la picadura de esta araña, se entregaban de cuerpo y alma a un baile desenfrenado para poder curarse. La verdad es que el ritmo violento y salvaje, servía a expulsar el veneno del cuerpo del enfermo.
El Padre Athanasius Kircher, (1601-1680) en su tratado Magnes, sive De arte magnetica" (Roma, 1641), da ejemplos de aires musicales que estaban considerados en la tradición popular, como un remedio contra el tarantulismo.
La tarantela terapéutica se asimilaba bastante al baile de San vito, danza andaluza de carácter vivo y animado.


Tarantela de Johan Kaspar Mertz
"Magnes sive de arte magnetica" P. Athanasius Kircher.

(F. Herrera y M. Weber, "DANZAS en la música del Laúd, Guitarra y Vihuela",
Ed. Piles, Valencia/España, 2003)